
-Estamos en Bizancio, en Constantinopla, en Estambul...
Yo no podía separar mis ojos de aquella nuca, de aquel cuello, de aquellos hombros. Iniciaron un giro. Atisbé el rostro que correspondían. Escuchaba mi propia respiración agitada. Tragué saliva con dificultad. ¿Qué me estaba pasando? Se había alejado todo. Allá delante, el rostro, vuelto ahora, sonreía.
-Bien venidos
Tuve una náusea. Vomité. (...)
El rostro aquel estaba sobre el mío: unas manos firmes sobre mis hombros, una sonrisa.
- No es nada -dijo la voz muy cerca-. ¿Verdad que no?
Yo estaba sola con él. Tuve la impresión literal de que me derretía; creí que mi falda no podría ocultarlo. Cerré los ojos avergonzada. Me invadió la certeza de que lo más importante de mi vida acababa de sucederme. (...)
El guía -porque él era evidentemente el guía, y además así lo había dicho: el guía que tendríamos durante todo el viaje- se llamaba Yamam.
-Que quiere decir el único -agregó sonriendo a su vez.
Su sonrisa era la más abierta y la más seductora que yo había visto nunca: se contagiaba, hacía sonreír a todos (...)
- Constantino VII, emperador de Oriente, dio al Asia Menor el nombre de Anatolia; significa País donde el sol nace... Quiero advertirles que los turcos somos europeos como ustedes -sonreía aún más; no parecía posible, pero sonreía aún más-. No han de tenernos miedo. Europa siempre ha oscilado, respecto a nosotros, entre el temor y el encantamiento; a Europa siempre le atrajo el riesgo... Aquí nació la civilización occidental; con Tales de Mileto, con Anaximandro, con Heráclito. Aquí nacieron los dioses, los héroes y los apóstoles cristianos; la Ilíada y la Odisea. Aquí estuvieron dos de las siete maravillas del mundo...
Me miraba; estoy segura de que me miraba, y yo no podía dejar de mirarlo.
Antonio Gala. La Pasión Turca.
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¿Alguna vez un viaje cambió vuestras vidas?


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