Teatro: Urtain

A quién le apetezca ir al teatro, no puede perderse la obra Urtain de la compañía Animalario, que actualmente se está representando en el Teatre Romea de Barcelona hasta el 22 de noviembre.
Un montaje excepcional, una iluminación muy bien encontrada, proximidad con el público y unas interpretaciones de largos aplausos, en especial la del protagonista: Roberto Álamo. Está magnífico en un papel muy difícil. La del boxeador Urtain. Famoso en la España de Franco, un símbolo de aquella época que no supo llevar el éxito ni el fracaso.
Os dejo con la sinopsis del director del montaje:
Urtain fue España. España acabó con Urtain. Se suicidó.
La idea de Juan Cavestany viene de la posibilidad de hablar de una época de España salida del franquismo hasta el final de su famosa transición marcada por las Olimpiadas de Barcelona 92.
Y por otro lado:
La historia de un hombre pequeño, peleándose de verdad con el mundo, intentando saber quién es, intentando descubrir: «¿Qué he hecho yo para que todo lo que hago sea tan sucio?», como él mismo decía.
La metáfora del boxeador y la lucha por la vida es recurrente, pero en nuestro caso, nuestra España, fue real.
Urtain fue utilizado como símbolo, como marca. La del toro, la del coñac, la España con dos cojones, la España de raza que tanto gustaba a Franco. ¡Y encima era vasco!
Necesitábamos un símbolo que saliera de la pobreza y el catetismo a base de hostias… ¡y lo encontramos!
Los políticos y la prensa se ocuparon de auparlo y cuando estaba en lo más alto del trapecio lo dejaron solo y sin red. Finales de los 70, la transición. Cada cual arrima el ascua a su sardina.
Urtain ya no interesa. El alcohol, el olvido y la falta de recursos se ocupan del resto.
Es paradójico que, mientras el deporte español triunfa en las olimpiadas de Barcelona 92, Urtain se suicida.
Siempre he pensado que todo el deporte, la competición, tiene algo de fascista, y en el caso de Urtain su «raza» tampoco le aseguro la pensión
ANDRÉS LIMA


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