Bon dia.
Os dejo un reportaje de El Periódico, muy interesante. Una opción diferente de viajar.
La idea es intercambiar tu casa durante tus vacaciones con otra persona del país que quieres visitar...ellos se vienen a tu casa y tú a la suya... Conozco gente que lo ha hecho y están encantados... Es más barato y te puedes sentir como en casa.
'¿Una estancia en el extranjero a cuerpo de rey y sin pagar alojamiento? Cada vez son más las familias que buscan en internet hogares particulares donde pasar las vacaciones. A cambio, hay que estar dispuesto a abrir el domicilio propio a personas casi desconocidas.
Hace 10 años apenas 50 familias en España practicaban el intercambio de viviendas. Hoy, son 400 las que anuncian su hogar en la web de una de las dos principales agencias dedicadas a este estilo de turismo. Aun así, esta cifra es ridícula comparada con la de países anglosajones y nórdicos, que llevan 50 años de experiencia. Por cada vivienda que se ofrece en Barcelona, uno de los destinos preferidos de norteamericanos y británicos, hay decenas de casas donde elegir en todo el mundo.
Por atractiva que se presente esta experiencia en la película The Holiday --en la que Cameron Díaz y Kate Winslet se cambian de país y de domicilio-- no es probable que este reciente estreno haga crecer los intercambios en España. En una actividad en la que no median contratos ni pagos por adelantado y que se basa en la confianza mutua, el boca oído es la mejor publicidad.
El primer paso es tener un talante abierto y el segundo, registrar el domicilio en internet. Existen varias agencias dedicadas a poner en contacto a miles de personas de todos los países, entre ellas Homelink e Intervac. Ser socio de la primera cuesta 105 euros y la segunda, 135 euros.
"Hay un aspecto cultural importante --opina Gerald Gómez, que maneja desde su casa las 400 referencias españolas de Homelink--. En otros países hay más predisposición a dejar la casa a otros. En España, las personas ven más problemas. Pero si lo experimentan y se dan cuenta de que funciona, animan a familiares y amigos, y en pocos años podríamos doblar el número de casas".
En cuanto al perfil de los socios, hay de todo: mayoría de académicos (los profesores fueron pioneros hace 50 años), abogados, ingenieros, empresarios y jubilados. La mitad tiene hijos y segunda residencia. Y no lo hacen para ahorrar dinero. Se trata de hacer una inmersión en una cultura distinta y de formar parte de una red de amigos que, paradójicamente, no se habrán visto nunca.
Hace poco más de un año leyó un reportaje sobre intercambio de viviendas e inmediatamente se metió en internet. "Se me abrió un mundo", dice Eva Abascal. Desde que se registró en la agencia Homelink, empezó a recibir correos electrónicos de personas que querían venir a su casa del Eixample al ritmo de siete por día. "Me han ofrecido las casas más fantásticas en lo sitios más increíbles. ¡Incluso una mansión colonial en la isla de Guadalupe! Está claro que Barcelona vende. Yo, desde que hago intercambios, valoro más mi piso y mi ciudad".
Esta profesora, retirada por un problema físico, ha hecho tres intercambios con gente de un nivel económico alto. Profesores, arquitectos y médicos han estado entre las paredes de su casa, que están repletas de cuadros de pintores contemporáneos y de esculturas africanas de hace dos siglos.
La primera vez que a Eva se le ocurrió comentar que se disponía a dejar su casa a unos desconocidos, su familia y sus amigos pusieron el grito en el cielo. "Lo recibieron con bastante desconfianza. '¿Qué vas a poner? ¿Una pensión?', me decían".
Ella entiende que mucha gente no se anime a hacer intercambios por miedo a que los huéspedes roben o estropeen algo, pero opina que es más peligroso dejar la casa sin nadie durante largas temporadas. "Yo vivo en Barcelona pero soy de Santander, una ciudad un poco conservadora. Allí, poca gente estaría dispuesta a hacer intercambios, pero en Madrid y Barcelona hay personas más cosmopolitas, con una mentalidad más abierta".
Respecto a los criterios para elegir casa en el extranjero, lo tiene muy claro: "Primero decido a qué ciudad quiero ir y luego elijo la casa según su situación y su estilo. A través de la agencia lo puedo escoger todo, incluso la decoración. Las fechas me dan igual, pero sí que pido lo mismo que yo ofrezco: una casa bonita y en una buena zona".
Con estas premisas, se ha alojado en un apartamento en Nueva York, en la sexta avenida del Greenwich Village, con un salón con vistas al Empire State Building y dos porteros que cada día le daban los buenos días al unísono. En Berlín, estuvo en un ático de diseño en la céntrica Kurfürstendamm. Y en Burdeos se hospedó en una preciosa casa con jardín. "Yo no haría intercambio con Argentina o con Turquía. Ya no hace falta ser rico para ir a sitios caros".
No duda en recomendar el sistema de intercambio a través de las agencias de internet. "Es una forma más rica de viajar porque tú participas en todo el proceso: eliges la casa, las personas, practicas idiomas y te permite estar en otro país de una forma menos impersonal que si fueras en un viaje organizado. Además es más agradable, más sano, comes mejor y es más barato".
Eso no quiere decir que no vayan a surgir problemas. De hecho, los dueños de la casa de Burdeos aún le están reclamando la factura de reparación de la lavadora, que se estropeó durante su estancia, hace casi un año. "¡Menos mal que tenía un seguro de responsabilidad civil! Pero es que además, como la lavadora ya no funcionaba bien antes de que yo llegara allí, no les han pagado la reparación y ellos siguen insistiendo. Está bien estar en una agencia de intercambio porque en estos casos siempre pueden mediar entre dos participantes".
Pecata minuta para esta mujer que es capaz de reservar un vuelo de bajo coste para ir a ver una exposición a París por la mañana y volver a Barcelona para cenar en el mismo día. "Internet y las nuevas tecnologías están cambiando nuestra manera de vivir y de relacionarnos", reflexiona. Y ya en un plan más práctico, anuncia: "Acabo de ver un apartamento con unas vistas preciosas en Italia, en la costa amalfitana. Ya estoy soñando con ir...".