1ª crónica del veranito 08. La de Dani y Gabriela desde Irlanda. Muchas gracias!!! Además inauguramos país, no teníamos nada de Irlanda!!
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¡Somos personas muy afortunadas! Hemos estado 8 días en Irlanda y ¡el tiempo se ha comportado! Nos hicieron falta las chaquetas y los jerseys que nos llevamos –aunque sea Julio el termómetro no suele superar los 20 grados- pero la lluvia se comportó.
Hay dos cosas que nos han fascinado de Irlanda: el verde y la gente. Nunca habíamos visto unos prados tan verdes como los que hemos encontrado en este maravilloso país. Quizá sea una bobada pero también llegamos a la conclusión de que, allí, el cielo es más bajo y más azul. Y sus habitantes son personas tranquilas, muy buenas y muy educadas. Circulamos en coche –¡conduciendo en el otro lado!- y a pesar de que hicimos las mil y una nunca sonó un claxón. Basta que pongas el intermitenta para que todo el mundo te ceda el paso e incluso te dé las gracias. No hay que vigilar la cartera, los índices de delincuencia son bajísimos, y cualquier persona se detendrá para contarte cómo llegar al lugar que buscas.
Mirad si son buenos que nuestro amigo Iván olvidó su recién estrenado Iphone en un bar el día que viajábamos a Galway. El hombre nos localizó gracias a las “últimas llamadas” y estuvo dos horas esperándonos a pesar de que estaba en una boda. ¡Eso es impensable en España y más con un Iphone nuevecito!!!! Aunque ellos son tranquilos, tranquilos. 5 minutos = 30 de los nuestros. No desesperéis haciendo cola.
Lo peor: es un país carisisísimo. Comer dos bocadillos, una ensalada y tomar dos bebidas puede salir por unos 30 euros. No es broma. Cena para cuatro en un lugar normalito: 140 euros. Los McDonald’s y la cadena de burgers autóctona os pueden sacar de algún apuro. Y cuidado porque es de esos lugares en los que se debe dejar propina si en la cuenta pone “service not included”: se aconseja el 10%.
Anécdotas a parte, pasamos a relataros nuestro viaje.
Días 1 a 4: Dublín. No nos vamos a engañar, Dublín no es nada del otro mundo. En tres días da tiempo a ver todo lo que hay que ver (que no es mucho). Os aconsejamos andar lo máximo posible porque no hay metro y los autobuses son caros (entre 1,5 y 2 euros el trayecto. Surrealista: El conductor no da cambio, te da un papel y hay que ir a recoger el dinero a una oficina del centro de Dublín. Nadie va. Cáritas y las ONG los recogen como donativos, así que ¡llevad monedas siempre!).
Lo mejor: el Phoenix Park. Nosotros alquilamos una bicicleta y lo recorrimos de cabo a rabo. Es el parque más grande de Europa dentro de una ciudad. Hay una zona llena de ciervos a los que te puedes acercar. El Zoo, el espectacular edificio que alberga la embajada de Estos Unidos y ese verde inconfundible son otros de sus atractivos.
Nos gustó mucho el Spire (“aguja” en castellano), una especie de pirulí altísimo al que no se puede subir y que levantó muchas críticas cuando lo construyeron. A nosotros nos hizo gracia.
Al fondo el Spire...
Igual que el “Half Penny’s Bridge” (“el puente del medio penique”) en el que antiguamente había que pagar esa cantidad para cruzar el río Leafy. Es uno de los símbolos de Dublín junto a Molly Malone. La historia de esa mujer es larga y extensa –hasta hay una canción sobre ella- pero, sin ánimo de ser vulgar, se podría resumir diciendo que era vendedora de fruta por el día y prostituta por las noches. Dicen que su fantasma todavía puede verse paseando por las calles en las frías noches dublinesas.
Molly Malone.
No faltan los típicos pubs irlandeses en los que es obligado tomar una cerveza. Pero no os preocupéis, si tomas un agua no te echan.
¡Una cerveza, por favor!
También se puede visitar la fábrica de Guiness. Al finalizar el recorrido te dan media pinta. Si tenéis oportunidad tomaos chocolate de la marca Butler, típica de allí. Riquísimo. Nosotros nos bebimos un “hot chocolate” de esa marca mientras paseábamos por el Saint Stephan’s Park.
Gran descubrimiento: Las tiendas Penny’s. Hay ropa y accesorios muy muy bien de precio. Entre lo cutre se pueden encontrar grandes oportunidades, sobre todo toallas, mochilas y bolsos. Nostros nos compramos una mochila estupenda por 5 euros. Toda una paradoja en el 5º país con los sueldos más altos.
Para terminar es imprescindible también pasear por los jardines del Trinity College. Parece que estés en un Campus de los Estados Unidos. ¡Ka maku!
En la 2ª parte de ruta por Irlanda: Galway y las Islas Arán.